Reciprocidad: la seguridad que se obtiene con una mirada y se pierde con un celular.

Reciprocidad: “Ser escuchados y vistos de verdad por las personas que están a nuestro alrededor, sentir que estamos en la mente y el corazón de alguien, para que de esa forma nuestro organismo se calme, sane y se desarrolle fisiológicamente, en un ambiente donde tengamos la sensación visceral de seguridad” (Van Der Kolt, 2015).

Muchas personas que durante su vida han tenido experiencias traumáticas han llegado a sentirse desconectadas del mundo que les rodea, con una sensación crónica de aislamiento social, desconfianza de las personas y la sensación de que “nadie me puede comprender o ayudar”. Este es, en ocasiones, el resultado del daño sistemático sufrido por parte de personas significativas, especialmente cuidadores que, en el proceso de crianza y cuidado de sus hijos, tal vez sin querer o a veces con consciencia, han agredido, abusado, violado, aterrorizado y abandonado a los niños y niñas que se supone debieran haber cuidado.

Sin embargo, y aunque la mayoría de las personas asocia el trauma psicológico a eventos como los que mencioné anteriormente, existe otro tipo de daño, igualmente traumático que tiene que ver no con una acción, sino con una omisión de la que tú y tu celular podrían estar siendo cómplices sin siquiera darte cuenta.

Ahora te explicaré por qué:

El cerebro tiene aproximadamente cien mil millones de neuronas, cada una de ellas con diez mil conexiones en promedio (Sieguel, 2012) y cada vez que vivimos una experiencia, estas neuronas se vuelven activas, generando conexiones que van dando forma a nuestro cerebro y en definitiva a cómo pensamos, cómo nos sentimos respecto de esa experiencia y también a cómo veremos el mundo a partir de ella. Así, cada experiencia que tenemos, incluso hasta la vejez, van cambiando la forma de nuestro cerebro y con él, la forma en que nos sentimos y como “somos”.

Las experiencias son muy relevantes en el desarrollo cerebral ya que, al nacer, un bebé tiene solamente con un 22% de su cerebro desarrollado, y su crecimiento requiere principalmente de experiencias que faciliten la conexión de sus neuronas, especialmente en la corteza cerebral.

Resonancia Magnética niño de 10 años.

Para que las conexiones neuronales vayan ocurriendo de manera adecuada, el cerebro necesita estar en un ambiente que provea características adecuadas de seguridad, ya que el peligro genera estrés y este hace que la actividad de la corteza cerebral disminuya, se dificulte su crecimiento, y que aumente la actividad de nuestros sistemas de alarma (sistema límbico y tronco encefálico). El ambiente seguro del que hablamos, solo puede ser provisto por los cuidadores del niño, ya que, como sabemos el bebé no puede cuidarse a si mismo.

Si las condiciones son adversas (si el cerebro del niño percibe peligro), su cerebro no se podrá desarrollar adecuadamente hasta la adultez, y por tanto, el sistema de cuidadores (Padres, profesores, familiares), es indispensable para el desarrollo del niño y constituye durante su infancia el “kit de supervivencia”(Lecannelier, 2014) tan indispensable como el agua y el oxígeno.

Así la cosa, para un bebé, niño y adolescente, es necesario sentir la disponibilidad física y emocional de uno o más adultos significativos, y con esta disponibilidad, la consecuente sensación de seguridad donde su cerebro se desarrollará óptimamente. La otra cara de la moneda es la no disponibilidad física y emocional de los adultos significativos mencionados, lo que les traerá la consecuente sensación de inseguridad, donde su cerebro no alcanzará su potencial desarrollo.

Imagen: Perry, B. & Pollard 1997

Podemos encontrar evidencia de lo que estamos revisando en los estudios realizados por Bruce Perry, psiquiatra estadounidense y miembro de la Academia de Trauma infantil en Houston, Texas, donde menciona: “La imagen del lado izquierdo es la del cerebro de un niño de tres años saludable, con un tamaño craneal promedio, mientras que la imagen a la derecha es la de un niño de igual edad pero que sufre de privación sensorial severa por negligencia”.(Perry, B, & Pollard, 1997) .

La privación sensorial, es en términos prácticos: no mirar, no escuchar, no acariciar y no responder a nuestros hijos o hijas, generando en sus cerebros la falta de conexión con otras personas, lo que es fundamental para que ellos sientan que “existen” para ti y que por tanto, su supervivencia está asegurada.

La sensación de aislamiento social, especialmente referida a personas significativas, lleva a niños y a adultos a una constante sensación de inseguridad ya que nuestros cerebros están hechos para la conexión con otros, para ser vistos y comprendidos.

Revisados todos estos antecedentes podrás darte cuenta (como padre, cuidador de niños y niñas…y también como participante de relaciones interpersonales en general), que los teléfonos celulares, si bien pueden ser muy útiles para facilitar la conexión con diversos aspectos de la vida y con personas que se encuentran lejos, pueden también ser la principal fuente de desconexión social, y su uso indiscriminado ser causa de grave daño al desarrollo del cerebro de nuestros niños, desconectándolos de aquello que  necesitan como primer indicio de seguridad: la mirada de quien lo cuida, la sensación de que existe para esa persona, de que es escuchado y comprendido, de que sus caricias son respondidas y en resumen la sensación de seguridad que necesita para ser feliz.

Como padre, soy testigo de esta desconexión por ejemplo cuando voy al colegio de mis hijos a ver sus actuaciones que con tanto esmero preparan para nosotros. En esos momentos me doy cuenta de como los niños, al bailar o cantar buscan incansablemente la mirada de sus padres encontrando solo el lente de la cámara del celular.

Felizmente no todo es tan terrible, porque tal como lo hablamos al principio de este posteo, el cerebro tiene la capacidad de moldearse con nuevas experiencias y por tanto, sea como sea que lo hayas hecho antes, es posible hacerlo diferente desde ahora y brindar nuevas experiencias a los cerebros de nuestros hijos, parejas, amigos y en general entre todas las personas que conforman tu grupo social, sin olvidar que la confirmación de nuestra existencia comienza mirándonos a los ojos, es decir… comienza con : reciprocidad.

 

¿y tú…que miras más? ¿los ojos de tus hijos o la pantalla de tu celular?

 

 

 

🇨🇱 Psicólogo Hugo Huerta Fernández
💔Psicoterapia especializada y científicamente informada
para la prevención e integración de experiencias traumáticas de la niñez y adolescencia.
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Referencias Bibliográficas:

“The body Keeps the score”, Bessel Van der Kolt
“El trauma oculto en la infancia”, Felipe Lecannelier
“El cerebro del niño”, Daniel J.Sieguel
“The boy who was raised as a dog: What traumatized children can teach us about loss, love and healing”.Perry, B., & Szalavitz, M..

Perry, BD and Pollard, D. Altered brain development following  global neglect in early childhood. Society For Neuroscience: Proceedings from Annual Meeting,New Orleans, 1997

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