SEGURIDAD PARA EL ALMA, poniendo límites con amor

Muchas veces los padres, en nuestro intento de dar a nuestros hijos lo mejor que nuestro conocimiento, experiencia,  tiempo y recursos psicológicos nos permiten, nos vemos ante la necesidad de “PONER LÍMITES” a nuestros hijos.

Poner límites aparece como el comodín, la receta o la palabra mágica, cuyo uso pareciera dar cuenta de nuestras “competencias parentales”, y un padre que “pone límites” recibe la aprobación de las abuelas y tías del jardín, representando el extremo opuesto del indeseado título de “padre malcriador”.

Así la cosa, en nuestra cultura peculiarmente binaria en su pensamiento (solo hay buenos y malos), aparece el título de “malcriador” como algo rechazado socialmente, y por el contrario una madre o padre que “pone límites”, está (hoy por hoy) en el top ten de los padres ideales…y seguramente tú quieres ser uno de ellos.

¿Y de qué límites estamos hablando?

Muchos de ustedes, estarán pensando cosas como estas:

“Pegarle en las manos para que no tome lo que no debe”

“Que sepa quien manda”

“Reglas Claras”

“Respeto”

“Mi mamá me paraba los límites a correazos y no tengo traumas”

Ustedes pueden pensar y hacer lo que quieran con sus hijos (obviamente), y yo sigo mi vida, no puedo ni quiero intervenir dándoles recetas, porque las personas somos tan diferentes y nuestras formas de relacionarnos tan variables, que es posible que la receta no sirva en tu hogar, y si sirve puede que el plato no les guste nunca.

Así que solamente los voy a invitar a ampliar la visión y a mirar por mi ventana, aquí voy:

Imagina que estás en el medio de la selva, en un lugar desconocido y que a tu alrededor hay cientos de personas (también desconocidas), dispersas y  mezcladas con animales y árboles.

¿Cómo te sientes ahí? (si quieres ahora cierra los ojos y déjate llevar por tu fantasía)

Probablemente “inseguridad” sea una de las primeras palabras que aparezcan en tu mente. En esa situación, imagino necesitarías echar un vistazo a tu propio cuerpo para saber como estás, y mediante tus sentidos, organizar la información de alrededor tuyo para entender “dónde estás”; luego identificarías los peligros que te pueden amenazar, y también aquellas personas, plantas y animales que te brindan seguridad; quizás intentarías hablar con alguna persona que te pareciera amigable para sentir su compañía y protección;  caminarías unos metros en diferentes direcciones para explorar y saber hasta donde puedes llegar con seguridad. Así, al pasar el tiempo continuarías descubriendo y organizando el espacio que te rodea, con una idea clara de cuáles son los límites de tu seguridad, es decir: hasta dónde puedes llegar y cuál es el alcance de tu libertad, qué puedes hacer y en quién y cuando puedes confiar para sobrevivir. Pero ¿que sucedería si no lograras tu cometido, si las personas que te parecen confiables de pronto te agreden, si los lugares que creíste eran seguros ahora desaparecen y en su lugar hay solo trampas, serpientes venenosas y más aún, si al despertar un día, te encuentras en otro lugar y debes comenzar a organizar todo otra vez?

Bueno, para nuestros niños, el inicio de su desarrollo y el despertar de su conciencia (el “darse cuenta” de si mismos), viene inevitablemente unido al ambiente que los rodea, y en  su percepción, el mundo les puede parecer algo similar a la selva de la fantasía a la que te he llevado en el párrafo anterior.

Desde el inicio, el desarrollo de un niño ocurre no de manara aislada, sino en un “campo de relaciones” (Wheeler, 1998. p-120), en el cual el niño como parte de éste, se va desarrollando.

El niño o niña entonces, tal como tú en la fantasía de la selva, está permanentemente en el intento de organizar su espacio vital, compuesto principalmente de relaciones, entre las que encuentran algunas más significativas, de cuyo apoyo depende para sobrevivir: sus padres/su familia. Va explorando, adquiriendo experiencia, conociendo el mundo relacional y aprendiendo a sobrevivir en él. Si encuentra obstáculos, estos probablemente lo detengan (así un niño que se siente abandonado por su madre, lo seguirá sintiendo así de adulto y no sería raro que intente organizar su vida pidiendo que “no lo abandonen”, hasta que logre remover el obstáculo que significó sentirse “abandonado” por su madre).

La facilidad o dificultad es, entonces  la misma que descubrimos en “la selva”: conocer y tener seguridad de cuales son “los límites”, que idealmente estos se mantengan estables, y que entonces el niño se desarrolle en seguridad. Para eso la guía, conciencia y apoyo de un adulto es fundamental, ya que podrá mostrar a su hijo “hasta donde puede llegar y cuál es el alcance de su libertad, que puede hacer y en quién y cuando confiar para sobrevivir” y para seguir avanzando en su desarrollo.

 

¿y cómo poner estos límites?:

“yo soy tu mamá, el es tu papá; puedes confiar en nosotros, ya que no somos una amenaza para ti, te amamos, te cuidamos y te respetamos, tal como eres”.

“te puedes desnudar frente a nosotros, dentro de la casa y así nada malo te va a pasar, frente a otras personas es mejor que no”

“decir “Te amo” es para personas tan importantes como la mamá y el papá, puede ser peligroso decir te amo a un desconocido”

“éste es tu hogar, ésta es tu familia; a estas personas les puedes pedir ayuda…”

“mamá mira ven a ver esto en la tele”—“hija; me podrías preguntar si quiero acompañarte primero”(de lo contrario traspasas el límite de lo que puedes elegir)

Como ves, desde esta perspectiva, los golpes no tienen que ver con los límites, al menos no dentro de aquellos límites que tu hijo necesita de ti. Un golpe y todo aquello que hagas y que lo dañe es un límite que lo alejará de ti, porque al organizar su espacio vital (la selva) registrará la relación contigo como un lugar peligroso y puedes perder su confianza:

¿tu confías en quien temes?.

Recuerdo un niño de 6 años, etiquetado con TDAH ingresando a mi consulta junto a su madre, tomando mi celular y luego abrazándome hasta casi ahorcarme, al que con voz tranquila le dije:

“podrías preguntarme si quiero prestarte mi teléfono antes de tomarlo”…”podrías preguntarme si quiero un abrazo antes de abrazarme”…

Lo aprendió de inmediato y nunca más se volvió a repetir, sin golpes y sin gritos, sino “poniendo límites”, algo que él necesitaba desesperadamente para poner fin a su caos y terror en una “selva desorganizada”…con cambios de país, domicilio, colegio y familia, separado de su padre y víctima de violencia intrafamiliar, mucha de la cual se le aplicó junto con drogas médicas, para “poner límites”.

El proceso terapéutico consistió únicamente en ayudar a ese niño a organizar su campo de relaciones, su espacio vital, ayudado por su madre y el colegio, abordando la situación global y no denigrándolo ni culpabilizándolo de trastorno alguno (no se qué fue del TDAH).

Todos, adultos y niños estamos en desarrollo, y necesitamos organizar nuestro campo de relaciones, nuestro espacio vital; nuestra situación se torna un caos si no lo logramos, esa es probablemente la tarea “permanente” del desarrollo a medida que avanza nuestra vida: Si tu pareja se fuera sin aviso, si te obligaran a dejar tu ciudad y tus amigos, si te cambiaran los hijos, si te pidieran hacer cosas que no sabes o no quieres, seguramente tu vida se volvería un caos, perderías la visión de los límites de seguridad de tu espacio vital. Si has logrado ver el significado amplio y profundo del concepto de “límites” entonces recuerda también a tu hijo al cambiarte de ciudad, país, trabajo, pareja…etc. El también necesita saber que va a pasar, porque él busca también seguridad, si su entorno se desorganiza: se desorganiza él.

Los invito entonces, a re-pensar, a acompañar a sus hijos y no amenazarlos, a mostrarles la seguridad, en resumen a poner límites con amor, porque esos límites son sin ninguna duda los que necesita el alma de los niños y niñas para sentir: seguridad.

 

Hugo Huerta Fernández
Psicólogo-Gestaltista
Cerro Alegre, Valparaíso
+56 9 6418 5626

Atención para:
Ansiedad-crisis de pánico-depresión-manejo de emociones.

 

Reseñas Bibliográficas:

Wheeler, G. (1998), Towards a Gestalt DevelopmentModel, The British Gestalt Journal.

Woolants, G. (2012), “GESTALT, Terapia de la Situación”, Editorial Cuatro Vientos.

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Showing 6 comments
  • Daniela
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    Justo lo que necesitaba leer, gracias por compartir!

    • Psicólogo Hugo Huerta Fernández
      Responder

      que bueno Daniela!!

  • Ana
    Responder

    Geniaaal. Mas claro hechale agua.

    • Psicólogo Hugo Huerta Fernández
      Responder

      Gracias por leer y comentaaaaar!!

  • Migdalia
    Responder

    Sencillamente genial la forma en que nos haces entender la realidad que viven nuestros pequeños hijos.. Gracias por este estupendo articulo!

    • Psicólogo Hugo Huerta Fernández
      Responder

      Gracias Migda! Así es como nos acompañamos. un abrazo!

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