¡NO ME AYUDES TANTO! (respeta mi libertad)

¿Te ha pasado que cuando alguien te ofrece su “ayuda” terminas dándole explicaciones y finalmente un poco “obligada” (o) a hacer las cosas como te lo dice esa persona?

¿Te ha pasado que al tiempo de haber aceptado “ayuda” tienes a esta persona interviniendo y ordenando aspectos de tu vida que van más allá de lo acordado en el “pacto de ayuda”?

O peor aún:

¿Te ha pasado que la persona que te ofreció su ayuda finalmente esperaba algún tipo de retribución, como pasar a ser una persona a quien le “debes” mucho?

Hoy quiero escribir acerca de los “ayudadores”, porque estas personas son para mí solo dignas de desconfianza, si de desconfianza, has leído bien.

Lo que sucede es que la mayoría de los “ayudadores” dan una ayuda falsa, que no busca que logres tú fin, sino que el de ellos mismos, vamos a desenmascarar juntos a estos expertos manipuladores para lograr distinguir a quien te ayuda “de verdad”.

Para comenzar nuestro diálogo, te presento la hipótesis del “ayudador”: “tú no eres capaz…me necesitas a mí para lograrlo”. En el otro lado de la moneda si tú vas por la vida buscando ayuda es porque seguramente necesitas que otros te digan cómo hacer las cosas y no te has dado el tiempo para buscar dentro de ti los recursos que pueden llevarte a lograr lo que quieres, así que te entregas a los mandatos de tu “ayudador”.

En su libro “El darse cuenta” John O. Stevens describe maravillosamente el fenómeno del ayudador señalando: “Casi siempre el “ayudador” se ayuda realmente a él mismo ayudando a otros. Apresurándose con sus primero auxilios, detiene la expresión de sentimientos que son dolorosos para él. Además se convence y convence a los otros de que es capaz de ayudar a otros y no necesita la ayuda de nadie. Casi todo “ayudador” tiene fuertes sentimientos de desamparo que se atenúan temporalmente cuando ayuda a alguien”.

El ayudador aparece como un salvador, como un desinteresado, como un ángel, como un sujeto solo lleno de bondad que está dispuesto a dedicar su tiempo en “ayudarte” (esto para mí es la primera sospecha, ya que algo debe causarle placer en el ayudar; ¿ser un héroe? ¿ser el bueno?¿y cuándo conoceré al malo?¿qué sucede si no acepto su ayuda?; son mis preguntas ante la presión del ayudador).

Desde el momento de la oferta de ayuda, se pone en juego la presión, porque quien no acepta la ayuda es tildado a lo menos de “tonto”, paradójicamente y la mayoría de las veces por el propio “ayudador”, quien poco a poco se va des-enmascarando y mostrando el lobo oculto bajo su piel de oveja. En caso de aceptar la ayuda, prosigue la supervisión, y finalmente la manipulación “te he ayudado desinteresadamente y tú me pagas con esto…, si no me quieres hacer caso allá tú”; lo que es igual a: “eres una tonta-tonto si no haces las cosas como yo digo”. Pronto te verás sintiendo vergüenza o miedo de ver a esa persona y reconocer que haces las cosas de manera diferente. “¿Lo hiciste como te dije?” te preguntará el “ayudador” mientras espera que tú le digas que “si”, y le molestará un “no” como respuesta, demostrando una total falta de respeto por quien tú quieres ser. Si dices que no, muy probablemente comenzarás a conocer el lado oscuro de tu “ayudador”, en lo que podría llegar a ser un interminable camino de chantaje emocional.

Entonces; ¿Cómo reconocer a quien me quiere ayudar de verdad? simple: te ayuda quien te respeta, con tus experiencias tal como son, te ayuda quien no te intenta cambiar, te ayuda quien camina a tu lado intentando solamente estar contigo, conocerte como quien eres y no como quien él o ella quisiera que fueras. Te ayuda quien te respeta incluso más que tú misma (o), te ayuda quien confía plenamente en que eres tú quien lo puede lograr.

La terapia es el espacio donde el terapeuta te puede acompañar desde el respeto por quien eres y por otro lado es una peligrosa situación donde te puedes encontrar con un “ayudador”. Muchas personas llegan a terapia buscando ayuda, y en cierto modo es lo “normal”, mi respuesta siempre es la misma, siguiendo la línea de Perls y de la Terapia Gestalt:

Paciente (terapia de pareja): “Vinimos a que nos ayudes a recuperar nuestra relación”.
Terapeuta: “creo que han venido al lugar equivocado, si ustedes quieren estar juntos o separados, insultarse o hacer el amor, esa es vuestra responsabilidad y no la mía; si lo que quieren es que los acompañe a verse como lo que están siendo de verdad, bueno entonces podemos proseguir, si siguen juntos o separados es cosa de ustedes”.

Paciente: “Vine porque quiero que me ayude a sacarme la timidez”
Terapeuta: “¿Y por qué crees que yo estaría interesado en sacarte la timidez?”
Paciente: “Porque es tonto ser tímida”
Terapeuta: “Es tonto para ti, para mí es interesante y muy interesante; ¿Te das cuenta de que somos personas diferentes?
Paciente: “entonces no me quieres ayudar a cambiar”
Terapeuta: “Pero si yo no tengo ningún interés en cambiarte, yo solo estoy interesado en acompañarte en tu timidez y conocerte en ella; no te interesa conocer la verdad acerca de ti?”

Paciente: “vine a que me ayudes porque me quiero matar”
Terapeuta: “lo siento pero yo no tengo ninguna intención de matarte”
Paciente: “lo que quiero decir es que he pensado en suicidarme y quiero dejar de pensarlo”
Terapeuta: “es que yo no puedo meterme a tu cuerpo y cambiar tus pensamientos, esa es tarea tuya; además,  estaremos juntos cerca de una hora y nos veremos la próxima semana ¿cómo podría ayudarte a no pensar en lo que tú quieres pensar y por qué habría de hacerlo, quieres que me mude a vivir contigo?”
Paciente: entonces no sé cómo me podrías ayudar
Terapeuta: es que tú eres libre de hacer lo que te dé la gana…yo respeto eso que piensas aun cuando se trate de tu propio deseo de morir,  lo que sí puedo hacer es acompañarte en esos pensamientos aquí y ahora, para entenderlos. Dime por ejemplo: ¿Cómo crees que sería tu existencia después de morir?
Paciente: ufff…paz, libertad, podría hacer lo que quisiera sin que me critiquen…
Terapeuta: Pero como! Para estar en  paz y libertad, para hacer cosas sin ser criticado necesitas  estar vivo…muerto estarás en un cajón con tu cuerpo sin funcionar…¿Cómo llegaste a pensar que si morías podrías hacer cosas?…sé que a ti te parece la mejor estrategia, pero a mí me parece pésima, morir no tiene nada que ver con el fin que persigues….”

Como vemos, ayudar no tiene que ver con decirle al otro “como hacer las cosas”, sino que más bien frustrar su intento de hacernos responsables de sus vidas, y llevando a esa persona a usar su potencial, invitándoloa quedarse en el presente que rechaza, donde está su posibilidad de crecer como persona.

Hace unos días salí junto a mi hijo mayor (9) a dar un paseo para que practicara con sus patines. Él quería que lo ayudara, yo lo quería acompañar…para ayudarlo de verdad. En un momento intentó tomarse de mi brazo, entonces le dije: “¡Suéltame!, tu eres responsable de tu cuerpo sobre esos patines, y necesitas ajustarte a ellos, si te tomas de mi brazo nunca lo vas a lograr, si te caes puedes apoyarte en mi para levantarte, pero patina tú, los patines están en tus pies”…

Así que “OJO”, ¡y que no te ayuden tanto!, la supuesta ayuda puede ser en realidad una cadena difícil de soltar.


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Hugo Huerta Fernández
Psicólogo-Gestaltista
Cerro Alegre, Valparaíso
+56 9 6418 5626

Atención para:
Ansiedad-crisis de pánico-depresión-manejo de emociones.

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