“MUERTE”: La más dolorosa de nuestras fantasías.

Dedicado a Alejandra: Escultora de milagros de papel.

 

De pronto llega ese momento y lugar, en el que afrontamos la situación en que, un otro que amamos, transita un cambio que,  según nos han enseñado, se llama: “Muerte” …y muy probablemente; sufrimos dolor.

Frente a nosotros tenemos a esa persona inmóvil, que no responde, cuya mirada está perdida sin contacto y cuya boca parece tener una posición nunca antes vista, ya no respira, ya no hay calor en su cuerpo y su corazón ha dejado de latir.

En el mismo momento, al observar con nuestros sentidos a esa persona, decimos: “ha muerto” y nuestro cuerpo cambia, visualizamos con nuestra imaginación recuerdos de otros momentos que no están ocurriendo justo en el “aquí-ahora”, sino que los tomamos de nuestra memoria y los traemos (nosotros mismos) a nuestro presente, como esperando quizás que ambos pudieran co-exisitir en el mismo momento y lugar, cosa que naturalmente no puede ocurrir. También nos imaginamos el futuro en un cementerio ha llegado a nuestras vidas una tragedia.

 

Al darnos cuenta de que nuestros recuerdos no se pueden traspasar al cuerpo que está frente a nosotros, sentimos  dolor, nos damos cuenta que algo anda mal, y como consecuencia, nos desborda la tristeza y brotan nuestras lágrimas, las que siguen brotando hasta que cesa nuestro dolor. Nos llenamos de preguntas: “¿Por qué? ¿Cómo?”…durante horas…días…meses…años.

Lo cierto es que, por mucho que lo imaginemos, ese cuerpo no volverá a su estado anterior para brindarnos aquello que solía, ni despertará para perdonarnos y “sacarnos la culpa” de aquello que no hicimos o que “si hicimos” y que le causo dolor cuando aún respiraba y cuando su corazón aún latía.

Te pregunto:

¿Dónde crees tú que está aquello que gatilla nuestro dolor?

¿En el cuerpo que está frente a nosotros?

¿En lo que nosotros mismos imaginamos, deseamos  y nos preguntamos respecto lo que está sucediendo?

Date unos segundos para pensar bien la respuesta a estas preguntas…piensa: la tristeza, los recuerdos, la culpa, el dolor y las lágrimas están en “tu cuerpo”, no en el que está frente a ti; y creo que desde esta perspectiva, es lógico concluir que, todo el sufrimiento del que hablamos es de tu responsabilidad y representan por tanto, tus propias elecciones respecto de “qué sentir y hacer” o “que imaginar”.

Nos han enseñado que el fenómeno observado y descrito de cambios en un ser vivo que dan cuenta de su paso a un estado de “no vida” se llama “muerte”; es decir que podemos estar “vivos” o “muertos”, como si la complejidad de la existencia se limitara a un “on-off”.

La verdad es que no sabemos cómo explicar lo “obvio” en el caso de este cambio de estado, así que le decimos “MUERTE”, fin de la existencia; y nuestra incapacidad para aceptar que hay cosas que no entendemos nos motiva a un auto flagelante e incansable intento de explicar este misterioso cambio de estado, sin embargo nada nos convence: seguimos sin entender…seguimos queriendo entender…y seguimos sufriendo por no entender:

¿Tan grande es nuestra falta de humildad?..¿Tan difícil es para nosotros vivir sin entender?

Mientras tanto, esa persona en su nuevo estado, sigue inmóvil, sin ninguna intención de satisfacer nuestras necesidades de perdón ni de amor, porque no es su labor hacernos felices y nunca lo fue, esas cosas las queríamos nosotros …y las queríamos tanto que, aun en este momento en que esa persona no nos puede besar porque su corazón ha dejado de latir y porque no puede respirar, deseamos que lo haga, y aun cuando no puede hablar, lo queremos obligar a hacerlo para que “nos perdone”…

¿Y si respetamos su experiencia? ¿Y si dejamos que transite por el momento que le tocó…eligió…simplemente acompañando a ese otro por “ser quien es”, y no obligándolo a ser quien queremos que sea?

¿Y si respetamos nuestra propia experiencia…con humildad…sin rechazar lo que estamos sintiendo…aceptando nuestra duda sin obligarnos a entender?

Quizás no hay tal cosa como “Muerte”; no lo sé…como no se muchas cosas, lo que sí se es que la “Muerte” es una palabra inventada, que simbolizamos como la tragedia de “dejar de existir”, y así explicamos aquello que intentamos entender, porque la verdad no sabemos qué sucede cuando una persona deja de respirar y deja de ser la que solía ser …para siempre.

Lo evidente, en estos casos es solamente que frente a nosotros hay una persona cuyo corazón ha dejado de latir…todo lo demás lo imaginamos.

El dolor (esto creo yo) aparece para avisarnos que algo anda mal, y no precisamente un “algo mal” en quien está ahí frío e inmóvil, sino que dentro de nosotros mismos:

“estás tratando de que lo que imaginas se haga realidad sin respetar a esa persona en lo que ha sucedido, solo porque no lo puedes entender…¡deja de hacerlo!” (eso dice mi dolor).

Mi tristeza (creo yo) aparece para calmar mi dolor…hasta que entiendo mi falta de respeto por esa persona inmóvil a quien trato de hacer reaccionar a toda costa para estar tranquilo yo, aun cuando haya que someterlo a electro-shock.

“te estas haciendo daño …mientras tanto…te consolaré con lagrimas”(eso dice mi tristeza).

Yo creo que lo que causa el dolor y el sufrimiento está en la relación que une a ese cuerpo cuyo corazón ha dejado de latir y quien lo observa, porque este último llora y le habla a alguien que no está frente a él, sino en sus fantasías…en su imaginación.

¿Cómo salir de este dolor?

Con humildad, aceptando que hay cosas que simplemente no podemos entender, respetando la experiencia del otro, aun cuando esta sea aquel cambio al que llamamos “muerte”, porque bueno: en eso está esa persona…nada puedo hacer excepto acompañarla en este momento…con mi amor; cuando hagas esto, la sabiduría de tu organismo se ajustará a la situación: confía en ti.

¿Y el amor? ¡Aún lo puedes sentir! Usa tu imaginación, puedes elegir representar la muerte como el final en un cementerio o como un re-encuentro con la tierra que facilitará también la continuidad de la “vida”; usa tus fantasías para que puedas estar con esa persona en tus recuerdos para siempre, conversa con ella en ese lugar… lleva su recuerdo a tus momentos para que te acompañen, toma el té que solías, ve al lugar que frecuentaban, relaciónate con esa persona en la forma nueva, en la forma que si lo puedes hacer,  porque esa persona cuyo corazón ha dejado de latir, cuya boca ya  no te puede besar ni expresar perdón para calmar tu dolor…si te dejo un maravilloso y eterno tesoro de recuerdos y vivencias que puedes encontrar cada vez que quieras (dentro de ti),  transformando la “muerte” en un milagro y no en la más dolorosa de las fantasías.

 

Hugo Huerta Fernández
Psicólogo-Orientación Gestáltica
Enfoque Holístico de Salud y Enfermedad (EHSE)
Viña del Mar
+56964185626

 

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