LOS SECRETOS DEL MIEDO (También son parte de ti)

Hola, soy tu miedo, aunque te he acompañado desde el comienzo de tu vida…es posible que hayas aprendido a rechazarme y a evitarme, aun así, yo me mantengo fielmente junto a ti, porque yo existo para protegerte y eso hago cada vez que estás en peligro.

Para cumplir mi función (tu protección), estoy a las órdenes de tu Amígdala Cerebral que es la parte de tu cerebro que está constantemente revisando la información proveniente de tus sentidos y comparándola con las experiencias pasadas para identificar el peligro y avisarte, tal como lo haría un centinela.

Tu Amígdala Cerebral conoce toda tu vida, sabe y recuerda cada cosa y conoce a cada persona que te ha dañado física o psicológicamente (ella nunca olvida) . Cuando en el presente te encuentras frente a alguien o algo que se parece a lo que te ha dañado: te pone en alerta y me activa (lo sabrás en tu cuerpo que se preparará y en tus pensamientos que anticiparán los posibles peligros). Ella evalúa rápidamente la situación y me da las órdenes, es decir: yo no me mando solo, de ella dependo para existir y actuar, juntos vivimos en tu cerebro y somos parte de ti.

Mi misión es facilitar tu escape para que evites situaciones peligrosas o que estés en condiciones de enfrentarlas con éxito, en resumen: que hagas algo para salvarte.

Para lograr protegerte, enfoco tu atención en aquello que te puede dañar, para que puedas reaccionar rápidamente. Soy muy intenso y genero gran cantidad de energía dentro de tu cuerpo, para que reacciones de forma mucho más potente que lo habitual.

Cuando tus sentidos recogen información del entorno, y la Amígdala Cerebral concluye que se trata de un peligro, me ordena actuar y yo ejecuto una respuesta en aproximadamente 1 segundo: abro tus ojos para buscar aquello que te pueda dañar, aprieto tus dientes dejándolos listos para defenderte y para que tu enemigo vea que lo vas a morder, te vuelvo altamente excitable, congelo los movimientos que tus músculos estaban realizando, y luego preparo tus piernas y brazos para la lucha o la huida, haciéndolos temblar, acelero tu ritmo cardíaco y elevo tu presión sanguínea, también hago más lenta tu respiración o incluso la detengo totalmente para que puedas oír más claramente aquello que te puede dañar; en ocasiones te hago gritar para ahuyentar el peligro y también para pedir ayuda o hago que pongas una mano sobre tu pecho para proteger tu corazón. Éstas son algunas de las muchas respuestas que genero para protegerte.

Hay ocasiones en que el peligro es tan grande e inevitable que  la Amígdala Cerebral ve la muerte como inminente, entonces sentirás como si tu cuerpo se pusiera tieso y paralizado, esta es una forma que aprendí desde hace mucho tiempo para salvar tu vida de un depredador: Te hago fingir tu muerte … ¿para qué? Para que el depredador no te mate, sino que te tome y te arrastre, quizás en algún momento encuentres la oportunidad de escapar…y vivir.

Mientras todo esto sucede, y estoy activo, la Amígdala Cerebral, junto con el hipocampo, dirigen las células que envían mensajes a los neurotransmisores para liberar (por ejemplo) dopamina y así agudizar la atención sobre aquello que te podría dañar y poner tus músculos tensos de manera de que ellos puedan reaccionar de manera apropiada. Así también logro que tus ojos busquen lo que más claramente tiene que ver con el peligro y organizo a tu memoria para que todo el conocimiento y los recuerdos que pueden ser útiles para salvar tu vida sean evocados lo más pronto posible, dejando otros pensamientos a un lado, sin prioridad.

Una vez que el peligro ha pasado yo dejo de generar las respuestas de protección, sin embargo estoy muy atento a las órdenes de la amígdala cerebral, quien se mantiene permanentemente en contacto con tus sentidos para identificar cualquier amenaza y cuidar tu vida.

Soy desconfiado  y tengo gran capacidad de respuesta, siempre que soy requerido, acudo de inmediato.

Soy valiente y realista, nunca evito el peligro, sé que éste existe y me uno a él para mantenerlo permanentemente observado mientras tú escapas o lo enfrentas. Me adapto a las circunstancias ya que puedo ser silencioso o gritón, según sea necesario, así puedo lograr que la amenaza no logre dañarte.

Para poder protegerte dependo también de ti, si me escuchas y pones atención a mis mensajes tendrás más posibilidades de sobrevivir. Si no me prestas atención o por alguna razón resultas dañado, yo  me veo obligado a buscar nuevas y más poderosas formas de ser escuchado para protegerte, entonces me hago más fuerte, me hago escuchar.

Soy responsable: cuando tengo que cumplir con mi trabajo, lo hago de forma efectiva desde el principio hasta el final, cuando el peligro pasa yo no lo persigo, sino que lo dejo ir y permito que tu vuelvas a la tranquilidad, se cuando detenerme.

Soy fiel y perseverante, he estado contigo desde tus primeros meses de tu existencia como ser humano (te verán conmigo por primera vez a los 6 u 8 meses de vida) y te acompañaré fielmente hasta que dejemos este mundo, incluso en el momento antes de morir, intentaré que te protejas de la muerte.

A lo largo de la evolución de la vida del ser humano en la tierra, mi trabajo ha sido vital para su supervivencia, quizás más que el de cualquier otra emoción; así me preocupo de aquello  que los humanos que estuvieron antes de ti aprendieron: por ejemplo protegerte de la oscuridad, de la soledad, hacerte evitar algunos insectos o animales, lugares peligrosos como las alturas y a tener cuidado de lo que sucede a tus espaldas. Sin embargo, en los tiempos modernos, mi labor aparece a veces como una enfermedad, y generalmente soy rechazado, incluso por ti …y muchas veces querrás silenciarme y te habrás avergonzado de mi. Soy tan confiable que te protejo aunque tú no quieras, aunque te pongas en mi contra, y aunque quizás hayas aprendido a negarme, yo nunca te defraudaré.

 

Tu miedo.


Hugo Huerta Fernández
Psicólogo-Gestaltista
Cerro Alegre, Valparaíso
+56 9 6418 5626

Atención para:
Ansiedad-crisis de pánico-depresión-manejo de emociones.

 

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